Una mirada directa al pan de hace más de 500 años en Córdoba: ingredientes, clases sociales, técnicas y una recreación experimental con horno, leña y miga viva. Porque la historia también se come.
El Pan de Córdoba en 1490: Tradición, Supervivencia y Fuego
En la Córdoba de finales del siglo XV, el pan no era un acompañamiento. Era el centro. Alimento, símbolo y baremo social. Lo que hoy llamamos hogaza, bizcocho o pan integral, entonces eran adargamas, adutaques y afrechos. Cada corte de masa hablaba del estatus de quien lo comía.
El reflejo del pan: clases y costumbres
Los nobles accedían al pan blanco: harina de trigo cernida tres veces, sin salvado, amasada con levaduras naturales de cebada. Los sirvientes, con suerte, recibían pan con salvado. Los pobres sobrevivían con lo que quedaba, a veces mezclado con avena, escaña o cebada. Más que una receta: era una estrategia de supervivencia.
Panificación del siglo XV: técnica sin máquinas
El proceso era lento. Intenso. Tres o cuatro fases de amasado en artesa de madera. Fermentación vigilada por temperatura, humedad y experiencia. Y un horno encendido a las 4 de la madrugada. Sin termómetro, sin cronómetro. Solo intuición, punzón y fuego.
Tipos de pan: más allá de lo cotidiano
- Pan de ritual: redondo, alto, con exceso de levadura. Ofrenda y símbolo.
- Pan de bizcocho: cocido dos veces, sin levadura. Pensado para soldados y viajeros.
- Pan musulmán: mezcla de cereales, forma alargada, cortes diagonales. Diversidad andalusí horneada.
De la historia al horno: la recreación experimental
¿La parte más interesante? Lo hemos recreado. Con harina molida en piedra. Con fermentos vivos cultivados desde cero. Y con las manos. Como se hacía hace más de 500 años. Porque la historia no está en los libros. Está en la miga.
Investigación desarrollada por la Universidad de Córdoba junto a panadería Hermanos Fernández y el grupo Meridies HUM-128.
